Tuesday, October 13, 2009

NOTA BIOGRÁFICA





(Blog y post en construcción)





(La familia sewellina, ¡en Viña del Mar!: Guillermo, Eliana, Mario, Pablo y de la mano, Ariel)

COMIENZOS
Mi cuna fueron las montañas de Los Andes. Nací el 31 de diciembre de 1945 en Sewell, a unos 2.500 metros sobre el nivel del mar, lugar donde siendo niños gozábamos de la nieve varios meses al año y donde, cobijados por las montañas maternas, carecíamos de horizontes planos y lejanos. Sewell era un campamento minero que por esos días pertenecía a la Braden Copper Co., una subsidiaria de la Kennecott Copper Co. Ha sido y es todavía la mina de cobre más profunda del mundo y una de las dos principales de la minería chilena. Ahí crecí con el cariño de mis padres Guillermo Aguirre Rauch y Eliana Montaldo Bustos. Luego llegaron mis hermanos Mario y Ariel, después de un lapso en el que mi madre perdió dos hijos al nacer. Mi padre, que comenzó trabajando en una oficina de "eficiencia general" de la mina, terminó siendo el bibliotecario de Sewell e instaló un negocio de fotografía. Mi madre comenzó como profesora de educación física y terminó como Directora de la Escuela Industrial de ese lugar.

Mis estudios primarios los hice en S
ewell, un año en la Escuela 62, y luego en el colegio particular, No. 27 (todas las escuelas tenían números). Mis padres decidieron enviarme a estudiar la secundaria a Viña del Mar, en el colegio inglés Mackay, donde estuve hasta 1965. En esos años me entusiasmé por el Rugby, el jazz, los Beatles y las atracciones típicas de la adolescencia. "Subía" a Sewell durante todas las vacaciones, largas y cortas, donde continué amistades sewellinas e hice muchos amigos y amigas nuevas en la época del Wurlitzer, los bailes y los paseos por las montañas.

EL JAZZ


El swing, las big bands y Louis
Armstrong me atrajeron mucho siendo muy joven. Pero de súbito descubrí a Dizzy Gillespie y Charlie Parker, músicos que me impactaron tanto que cambiaron radicalmente mis gustos. Total identificación. Luego vino Miles Davis a sellar mi amor por el jazz. Después vendrían muchos otros, decenas, comenzando por Coltrane y Freddie Hubbard, pero Miles Davis fue quien me empujo, sin saberlo él, a elegir la trompeta como mi instrumento. Tanto fue mi entusiasmo que mi padre viajó conmigo a Santiago y me compró mi primer instrumento en la Casa Albeniz, en la calle McIver: una trompeta checa. Me inscribió con clases de música y trompeta con el director de la banda u orfeón de Sewell, con quien aprendí mis primeras lecciones. Tenía 14 años y al poco tiempo ya estaba tocando melodías, alcanzaba casi todo el rango del instrumento e intentaba dar mis primeros pasos improvisando... a lo Miles, por supuesto.
Mi primera tocata en público, siendo estudiante secundario, fue a principios de los 60 en el bar-restaurant "Cyrano", en la calle Valparaíso de Viña del Mar, donde habían tardes de jazz. Sólo recuerdo que toqué con el guitarrista Carlos "el flaco" White (miembro de la orquesta del Casino de Viña del Mar), el contrabajista Luis Basaure (de la Sinfónica de esa ciudad) y el saxofonista Alfredo "Porrongo" Cisternas. Había también un baterista y alguien más. Me invitaron a tocar --y ¡a hacer solos!-- en dos temas, un blues en si bemol y "Corcovado", la composición de A.C. Jobim que recién se estaba dando a conocer. Fue muy satisfacorio porque los músicos fueron generosos en sus comentarios, consejos y apoyo. Recuerdo esa primera tocata como se recuerda el primer beso, me imagino.
Seguí estudiando música por mi cuenta, con la ayuda de varios métodos, algunos clásicos otros de jazz, como uno de Harry James que encontré muy útil a pesar de su "estilo" más antiguo. Otros músicos con los que toqué por esos días iniciales fueron el trompetista Sergio Acevedo y el saxofonista Roque Oliva que luego emigraría a Canadá. Pertenecí a Club de Jazz "De la costa" donde se hacían jam sessions todas las semanas, y toqué como invitado con el conjunto "Bossa Cuatro". Todavía estaba en la secundaria. Organicé un quinteto que incluía a Álvaro Peña en saxo alto y mi hermano Ariel "Yelo" Aguirre en la batería (un niño...). Tocamos en un concierto en el Palacio de Bellas Artes de Viña del Mar (foto izquierda) y al día siguiente Carlos Poblete, un prestigioso musicólogo especializado en música clásica, escribió un largo artículo en "El Mercurio" de Valparaíso conde elogiaba la interpretación de los hermanos Aguirre en ese concierto (debo decir que casi no se refirió a los otros músicos). Eso fue, por supuesto, un aliciente de inmenso valor que me incentivó a seguir practicando y estudiando música, pero siempre como autodidacta. Siempre seguí el consejo que me dio Sergio Acevedo cuando estaba dando mis primeros pasos en el jazz: "toca mucho con discos de jazz", me dijo, "es la mejor práctica y se aprende mucho". Así que, siguiendo su valioso consejo, por esos días toque con Gillespie, Mulligan, Konitz, Adderley, Miles, MJQ, y muchos de los gigantes, y hacía mis solos improvisados sobre los solos de piano, guitarra o contrabajo de aquellos discos...
En los últimos años de secundaria organizé un cuarteto estudiantil con un repertorio de "soft jazz" y bossa novas. Me avergüenza decir que copié el nombre de un conjunto vocal estadounidense de esos días, y lo bauticé "The Modernaires". Ganamos el primer premio en la categoría internacional del Festival del Cantar Juvenil en Viña del Mar, en 1964. Entre el jurado estaba el musicólogo Carlos Poblete a quien nunca conocí en persona. Me hubiera gustado hacerlo porque ese fue su segundo empujón que me dio en lo musical.

PERIODISMO, VILLARROEL Y JAIV
AS
En el año 1966 ingresé a la Escuela de
Periodismo de La Universidad de Chile de Valparaíso. Fueron años muy intensos en lo universitario, lo político y lo musical. En el año 1968 participé activamente como estudiante en la reforma universitaria que, sin estar yo totalmente conciente de ello, se realizaba en los mismos momentos en que había grandes movimientos similares en Paris, California, Alemania, México y Argentina (Córdoba). Tiempos tumultuosos, del "flower power", de los movimientos revolucionarios, en que la figura del Ché nos acompañaba a todas partes y protestábamos por la guerra de Vietnam, entre otras cosas, mientras seguíamos escuchando a los Beatles, Violeta Parra y Miles Davis.
En el año 1969 mi querida amiga y compañera de curso Gilda Rolleri (foto) y yo fuimos nombrados Ayudantes del profesor Carlos Böker en el ramo Sociología de las Comunicaciones. Al final de ese año también terminé mis estudios de periodismo. Pero también fue un año de inmensa importancia musical para mí, ya que fue cuando conocí a los pianistas Manuel Villarroel y Matías Pizarro. Con Manuel ensayábamos en su casa de Santiago, a pocos pasos de la Alameda. Él organizó una serie de conciertos en los que nos incluyó a mí en trompeta y a mi hermano Yelo en batería. Tocamos varias veces en el Aula Magna de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, y en el anfiteatro de la Universidad Santa María (en este lugar con Waldo Cáceres en batería y Nelson Gamboa, contrabajo). También toqué con su sexteto en Santiago, en el Instituto Goethe y otro lugar que no me acuerdo. Tocamos en ese sexteto, con Gonzalo Gómez en tenor y Sandro Salvati, en alto, además de Nelson y Waldo. Era jazz modal, con mucho de "free", pero con estructuras y arreglos bastante rígidos y elementos hard-bop. Entre 1969 y 1971 Manuel fue mi mentor y me enseñó más de lo que yo había aprendido en toda la década anterior, especialmente en lo que se refiere al estilo modal y a la lectura de acordes para improvisar. También fueron tiempos muy intensos. Mi hermano Ariel "Yelo" Aguirre y yo también tocamos con Matías Pizarro varios conciertos en Valparaíso (Aula Magna Escuela de Derecho) a los que sumaron Sandro Salvati en saxo alto y, alternándose, Daniel Guerra y Luis Basaure en bajo (foto, derecha). Con Matías y Manuel tocamos muchas jam sessions (que llamábamos "pizzas") en antiago, en la casa de Jorge Sierra, un amante de lasica y fanático del jazz que después emigraría a Europa donde, penosamente, falleció.

En esa época, especialmentge en la segunda mitad de los 60, hice amistad en Viña del Mar con Eduardo Parra, a través de la poesía, la literatura y la música. Eduardo y sus hermanos Claudio y Gabriel tenían un grupo musical, con otros integrantes, que se llama
ba "High & Bass", que luego se transformaría en "Los Jaivas". Muchas veces toqué con ellos en su casa de calle Viana, incluso en experimentos libres basados en conceptos dodecafónicos. Búsqueda, mucha búsqueda. Después, siendo ellos ya los Jaivas "hippies", me invitaron a tocar --¡como músico de jazz!-- en dos presentaciones, una en el Cine Arte de Viña del Mar, y otra en el Club de Nahuel, en Santiago. Pero también con Gabriel Parra (baterista) toqué mucho jazz en el Club de la Costa y en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, con Sergio Acevedo, Luis Basaure y Alfredo Cisternas, entre otros.

AMIGAS, NOVIAS Y ESPOSA

En los años universitarios tuve unos cortos noviazgos, pero el más serio y largo fue con mi compañera de periodismo Gilda Rolleri, hoy mi mejor amiga en Chile, que después se casó y dio a luz a su hija Soledad, hermosa y brillante chica a quien también quiero mucho. Fue en mi último año en esa escuela cuando conocí a María Teresa Aveggio, quien se convertiría en mi esposa y madre de mis dos queridos y maravillosos hijos, Rodrigo y Sebastián, que son el orgullo y luz de mi vida. Rodrigo (a la izquierda con Tita) nació en Viña del Mar el 19 de noviembre de 1974 y Sebastián nació en Londres, el 1 de julio de 1979. Más sobre ellos mas adelante; primero volvamos a esos días universitarios. María Teresa, "Tita" de aquí en adelante, me acompañó un día a una tocata avant-garde en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica en la que se mezclaba poesía improvisada, diapolitivas abstractas y jazz. Yo me sentía inmensamente atraído por su personalidad chispeante y por su belleza. Y confiaba en que se había establecido una especie de "química" entre ambos. De regreso a su casa nos besamos y abrazamos en la esquina de su calle y ese fue el comienzo de una larga historia familiar que hoy incluye a mi adorada nietecita Maya, hija de Rodrigo e Isabel. En las semanas y meses siguientes Tita me acompañó a todas las tocatas semanales del Club de Jazz de la Costa. Fue también mi "musa" ya que la retraté en cientos de fotografías, gracias a una destreza (y equipo óptico) que heredé de mi padre fotógrafo. Tiempos felices que anticipaban una campaña política que abriría un nuevo capítulo en la historia de Chile.

Salvador Allende fue elegido Presidente de Chile el 4 de septiembre de 1970. Yo había trabajado activamente en la campaña pr
esidencial en Valparaíso, junto con Tita, Gilda Rolleri, Patricio Henríquez y otros amigos y colegas periodistas. Fue el inicio de un sueño maravilloso en el país, pero una pesadilla para la clase dominante. La historia de esos tres años, hasta el golpe militar de 1973 es conocida y no la detallaré. Pero en ese contexto di mi exámen de grado en el año 1971, frente a una comisión académica muy austera en la sala del Senado Académico de la U. de Chile de Valparaíso. Mi padre estaba presente y se emocionó mucho y me abrazó con orgullo y cariño después que la comisión informó que yo había obtenido mi título de periodista con máxima distinción. La tésis la preparamos juntos con Gilda Rolleri, pero ella no dio su exámen en esa fecha, sino más adelante.
Y MÁS MÚSICA... QUE FUE CERCENADA

Por esos días también formamos una banda d
e jazz-latino, el grupo "Taller", con los hermanos Carlos y Goyo Fuentes, bajo y guitarra, respectivamente; Alfredo "Porrongo" Cisternas, en saxo tenor y mi hermano Yelo, batería. Tuvimos un programa semanal en el Canal 4 de televisión, de la UCV de Valparaíso, llamado "Taller Mus-Art". Hubo como cinco o seis ediciones del mismo e invitábamos a artistas, actores, pintores, poetas y escritores a conversar entre tema y tema musical. Para esas grabaciones de televisión se nos agregaron también dos excelentes músicos de jazz de la zona, Sergio Acevedo, en trombón, Oscar Acevedo en saxo alto y flauta (no son parientes), y un percusionista latino de cuyo nombre desafortunadamente no me acuerdo. Había muchos temas originales y buenos arreglos hechos especialmente por Oscar Acevedo, con quien también toqué, como músico invitado, en las tardes de jazz que solía haber en el recién inaugurado bar y restaurate, "Markoa", en Valparaíso. Ese era además el lugar donde se grababan los programas de televisón nuestros.

Tanto a mí como a mi hermano Ariel "Yelo" nos hubiera gustado seguir vinculados musicalmente a Manuel Villarroel y Matías Pizarro, pero Manuel decidió emigrar a Europa a buscar nuevos horizontes artísticos (que encontró, afortunadamente) y Matías de súbito dejó la escena del jazz. El "Grupo Taller" se convirtió en nuestro canal de expresión musical hasta que los militares decidieron imponer una tenebrosa oscuridad en el país y poner fin a tantas cosas luminosas, incluida la actividad cultural y artística, en septiembre de 1973. Tampoco necesito detallar lo que pasó a partir de esa fecha. Sólo decir que en lo que a la música respecta, en lo personal, la interrupción fue total en mi vida en Chile. Sólo volví a tocar jazz en mi país, años después del retorno de la democracia, a mediados de los años 90...

Por suerte sí pude hacer jazz en Inglaterra y otros lugares en el intertanto. Pero vamos por parte.
DETENCIÓN, TORTURA Y EXILIO

Las consecuencias del golpe militar, en lo personal, se hicieron sentir de inmediato. Hasta ese momento yo tenía tres actividades en la Universidad de Valparaíso. Era funcionario, como periodista, de la llamada "Oficina de Relaciones Universitarias", vinculada a la vice-rectoría. También hacía 12 horas semanales de clases en la Escuela de Periodismo. Y producía un programa de radio semanal, de una hora de duración, que salía al aire dos veces por semana, en la radio Valentín Letelier. Se llamaba "Jazzcrónica". Su característica era un fragmento de "Take The A Train", editado por mi amigo Lucho Pizarro, un gran amante del jazz, y la introducción fue grabada por la voz de Néstor Hugo Cárcamo, que después se fue a la Radio de Holanda. Todo eso lo perdí. Los militares cerraron la oficina donde trabajaba, clausuraron la Escuela de Periodismo y terminaron el programa de jazz junto con muchos otros. No hubo ninguna compensación, por supuesto. Simplemente quedé en la calle, como miles de otras personas. Afortunadamente pude trabajar ayudando a mis padres en la librería y negocio de fotografía que tenían en la galería Couve, de Viña del Mar, la librería "Eros", que fue donde me detuvieron los marinos, casi dos años más tarde, el 21 de abril de 1975.